La Antorcha
Entrevista

Entrevista a Vito Alfieri: «“Para limpiar Ucrania de minas harán falta veinte años”»

Por Vito Alfieri

Febrero 2026·6 min de lectura

trauma de la guerra en el Camino de Santiago 34 - Entrevista a Jorge Fernández Díaz | “Este es el plan de la Virgen para evitar la III Guerra Mundial” 38 - Santa Teresita en las trincheras 44 - La guerra que se gana por dentro. María, el pecado y la batalla invisible del corazón 50 - Entrevista a Padre Valentín Aparicio | “Muchos verán al Anticristo como un líder político capaz de traer paz y progreso” 57 - “Oiréis hablar de guerras y calamidades”: Si así alertó Jesús sobre el final de los tiempos… ¿Estamos ante la batalla final? 60 - Santos víctimas de la guerra 63 - Santos forjados en la guerra 66 - ¿Cómo puede ser que el Dios del Antiguo Testamento sea el mismo que el del Nuevo Testamento? 70 - Infografía: Silenciados por su Fe. La Persecución a los Cristianos 72 - Reflexiones de los Evangelios 78 - De la guerra justa, a la guerra sin sentido 82 - Fabrice Hadjadj | En buena guerra 85 - Ricardo Ruiz de la Serna | La guerra justa en tiempos de guerras híbridas 90 - Julio Llorente | El amor en la guerra 92 - David Cerdá | La Europa bélica 94 - Luis Zayas | La Iglesia y el uso de la fuerza 96 - Chispazos de La Antorcha 98 - Tres miradas literarias sobre la guerra 100 - La herida que atraviesa la historia de la humanidad: dos miradas ante la guerra 106 - Aforismos 108 - Cosmética del enemigo 110 - Cuando despeñar a un niño es un acto de gloria guerrera 114 - El poeta que canta a la nobleza de la espada y a la Europa que se perdió 116 - Si vis pacem, para bellum…? 120 - Mr. Darcy en el hospital de campaña 124 - Santos que matan dragones . Espadas contra la serpiente

Carta del director

E

l tema de la guerra exige una aproximación serena y sosegada, especialmente en un tiempo en el que proliferan las opiniones de lo más rocambolescas. Por un lado están quienes defienden una paz desarmada, hacen gala de la no violencia y demonizan el uso de la fuerza en cualquier circunstancia, como si la paz pudiera sostenerse alzando unos pocos claveles. Por otro, están quienes parecen tener una admiración un tanto siniestra por cualquier conflicto, convencidos de que siempre es buen momento para la guerra y que no hacen falta demasiadas justificaciones para iniciarla. La realidad es que, como en tantas otras cuestiones, la virtud se encuentra en el término medio. Lo deseable es la paz que, sin Cristo no es posible, y se convierte en una burda teatralización, en una mueca inane y frustrante. Y, a su vez, el uso de la fuerza es a veces legítimo y, no solo eso, sino que, en ocasiones, es

el camino necesario para alcanzar la paz, restaurar la justicia o defender un bien que está siendo amenazado. El ideal es que la familia pueda caminar en paz por la calle. Pero si alguien pretende agredir a la madre, la obligación del padre (y de los hijos mayores) es salir en su defensa, incluso con el uso de la fuerza, si fuera necesario. No quedarse observando después de un intento frustrado de diálogo, máxime si entre el padre y los hijos tienen posibilidades reales de neutralizar al agresor. Pero tampoco se trataría de dejar al atacante tendido en el suelo en coma, si ello no fuese indispensable para proteger a la madre. Sin embargo, si es el padre el que pasea sin compañía y un agresor se abalanza sobre él, puede recurrir al uso de la fuerza para defenderse, pero también podría no hacerlo y aceptar la agresión. Vemos por tanto que hay situaciones en las que el uso de la fuerza no solo es una opción, sino una obligación moral, máxime cuando se trata de la defensa del prójimo.

La violencia es un ataque al orden natural (ya sea mediante las leyes, la fuerza física…) el uso legítimo de la fuerza es cosa distinta, que merece otra consideración moral, pues pretende defender y restaurar ese orden natural que está siendo atacado. Sobre todos estos temas reflexionaremos en el presente número, procurando huir de las guerras actuales que, por su carga emocional, nos distraerían de un análisis sereno, serio y en profundidad sobre la guerra en general y sus implicaciones morales. Especialmente provocador es el caso de los mártires y los cruzados, dos posturas igualmente cristianas ante el conflicto. Tenemos el ejemplo de las mártires de Algemesí, recogido en Cartas desconocidas de una familia mártir: María Teresa y sus hijas (Naranja Editorial), del sacerdote Salvador David; o el de los requetés y las margaritas que en la Cruzada del 36 se alzaron en armas para defender a Dios, la Religión, la Iglesia y la Patria, narrado con gran belleza en Las últimas cartas del requeté (Almuzara), por Pablo Larraz y Pilar Sáez de Albéniz. Unos, aceptando la muerte sin combatir. Otros, combatiendo y a veces también muriendo. En el caso de las márt