dos años después de su aprobación El 18 de marzo de 2021, el Congreso de los Diputados aprobó la ley de la eutanasia, convirtiendo a España en el quinto país del mundo en regular esta práctica. Dos años después, reunimos al presidente del Colegio de Médicos de Madrid, Manuel Martínez-Sellés, y a la directora del Instituto de Bioética de la Universidad Francisco de Vitoria, Elena Postigo, para valorar qué ha cambiado la ley en este tiempo, qué más consecuencias tendrá y qué se puede hacer para fomentar una cultura de la vida. MM. Lo primero que diría es que estos casi dos años han cambiado la relación médicopaciente. Antes, los pacientes podían confiar en que los médicos solo haríamos lo bueno para ellos, pero con la eutanasia esta confianza se ha perdido.
EP. La ley, además, obliga a que los médicos que quieran declararse objetores de conciencia se apunten previamente en un listado. MM. Es lo que más me preocupa, y ha generado mucho temor dentro de la profesión. ¿Se usarán estos listados a la hora de decidir a quién contratar, a quién renovar, a quién promocionar…? En España, la objeción de conciencia es un derecho constitucional que puedes ejercer ad casum; es decir, en el momento preciso y la situación concreta. Yo, por supuesto, no me he apuntado en ningún listado, pero ya está pasando que a los médicos objetores no les dejan participar en las comisiones de garantía creadas para controlar los supuestos en los que se está aplicando la ley.
EP. Claro, porque la ley rompe un principio ético básico: no hacer daño. Dice que en ciertas circunstancias sí se puede hacer daño, sí se puede matar… No olvidemos que lo de “prestación de ayuda para morir” es un eufemismo: la finalidad de la eutanasia es matar, acabar con la vida de ese paciente para evitar su sufrimiento. MM. De hecho, el juramento hipocrático -cinco siglos antes de Cristo- ya excluía de forma muy clara la práctica de la eutanasia. Esta ley va contra la esencia de la medicina, que es curar, paliar, ayudar… pero no matar. Este pasado octubre, sin ir más lejos, la Asociación Médica Mundial reiteró su “firme oposición” a la eutanasia y el suicidio asistido. También lo refleja así el nuevo Código de Deontología Médica.
Ya está pasando que a los médicos objetores no les dejan participar en las comisiones de garantía creadas para controlar los supuestos en los que se está aplicando la ley
¿Hay una verdadera demanda social?
un informe contrario a la ley, pero fue completamente desoído. Pienso que se ha procedido en base a criterios no sé si ideológicos, pero desde luego que no son los intereses de los enfermos.
EP. Nos han hecho creer que había una demanda social enorme de eutanasia, pero los últimos datos, un año después de la aprobación de la ley, hablaban de ciento setenta personas que habían pedido la eutanasia. Es un número muy elevado, pero no veo yo esa enorme demanda social. ¿Era más urgente eso que una ley de cuidados paliativos integrales?
MM. Lo indudable -como decías- es que la demanda social que sí existe es de cuidados paliativos. Somos de los pocos países europeos que no los tenemos como especialidad médica oficial, y en el último Atlas EAPC de Cuidados Paliativos en Europa salimos muy mal: se recomiendan dos servicios de este tipo por cada cien mil habitantes, y en España solo tenemos 0,6. Es decir, que no tenemos ni un tercio de los cuidados paliativos que necesitamos. Tenemos miles de pacientes sufriendo y la única alternativa que damos a muchos es la eutanasia.
MM. Esas cifras se comunicaron a través de las Consejerías de Sanidad, pero en realidad no sabemos exactamente cuántas muertes por eutanasia se han producido; entre otras cosas porque la ley establece –y me parece especialmente problemático– que se registren como “muerte natural”. Lo que sí es cierto, y llama la atención, es que la ley se aprobó de forma acelerada, y sin consultar con los médicos.
EP. No hemos optado por potenciar una cultura del cuidado, y eso es un error de base. Mis alumnos me dicen: ¿qué quieres, que estas personas vivan mucho y con dolores? Claro que no, ¡hay alternativas!
EP. No ha habido un debate social ni se ha interpelado a las sociedades de enfermos. La Comisión de Bioética de España emitió
No se trata de alargar la vida indefinidamente de forma artificial: ya el dolor, la sedación paliativa es buena praxis médica. La pendiente resbaladiza MM. Hay otro aspecto preocupante de la ley, que vemos en otros países que han despenalizado la eutanasia: una vez se permite, es muy difícil de controlar. Hoy en día se están practicando eutanasias a ancianos con demencia, a enfermos psiquiátricos, a niños con discapacidad… EP. En Canadá ha habido enfermos crónicos sin medios para pagarse un tratamiento que han recurrido a la eutanasia. La cultura de la muerte es como una mancha de aceite que va aumentando… En Holanda y Bélgica se aprobó hace algo más de veinte años, y ya hay libros explicando cómo ha cambiado la mentalidad social y cómo se ha ido perdiendo gradualmente el valor de la vida humana, lo que propicia una desprotección de las vidas más vulnerables.
MM. Presentan a la sociedad una dualidad falsa: eutanasia o sufrimiento. Hoy tenemos fármacos y herramientas que permiten tratar el sufrimiento físico y mejorar la calidad de vida de personas con enfermedades avanzadas, incluso en situación terminal, e idealmente en su domicilio. Nunca habíamos tenido más alternativas. Pero estos cuidados son complejos, costosos e implican a muchos profesionales, mientras que la eutanasia es más sencilla y más barata.
MM. Bueno, en España ya hemos partido de esta pendiente resbaladiza, ¿no? La primera eutanasia que se realizó fue de una mujer de 86 años con una demencia avanzada. Pero ya no es solo la ley, sino que veo la intención de cambiar la visión que tienen la sociedad y la profesión médica sobre la eutanasia. En el examen MIR de 2021 se incluyó una pregunta con cuatro posibles contestaciones: tres eran eutanasia y una, suicidio asistido.
EP. Es verdad, y añadiría que la alternativa a la eutanasia no es la obstinación terapéutica. No se trata de alargar la vida indefinidamente de forma artificial: hay que adecuar el esfuerzo terapéutico a la situación del paciente y, cuando no se puede controlar ya el dolor, la sedación paliativa es buena praxis médica. Sedarla y que, de forma natural, muera serenamente.
EP. Siempre es así: las leyes propician un cambio de mentalidad, sobre todo en los más jóvenes. Incluso entre los médicos, aunque hoy la mayoría de médicos, como planteas, estén en contra de la eutanasia; me temo que se va a producir un cambio generacional.
Una visión antropológica EP. Además de la perspectiva médica, hay tres ideas importantes desde un punto de vista antropológico. Primero: toda vida humana, independientemente de sus circunstancias -su edad, su raza, su estado de salud-, tiene idéntica dignidad. Es decir, la vida de un adulto autónomo tiene el mismo valor que la de un enfermo terminal, o en estado vegetativo. No hay vidas de mayor o menor valor. MM. Es la base de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Aun así, los estudios demuestran que los enfermos con patologías avanzadas pueden no percibir esta dignidad… pero que esto depende más del entorno que de la situación clínica. Es decir, ante la misma enfermedad, un paciente que recibe visitas y tiene médicos y enfermeras pendientes percibe su dignidad, y al contrario. EP. Yo lo veo en mis alumnos: ahora se entiende la dignidad como la “calidad de vida”, o la autopercepción del valor de tu vida. Esto es un error: aunque un enfermo terminal diga “mi vida ya no tiene valor”, es falso.
En la eutanasia se entroniza la libertad del individuo, priorizándola por encima del valor de la vida, pero esto entra en contradicción, por ejemplo, con el tema del suicidio.
MM. Y muchas veces prejuzgamos. El año pasado, el neurólogo Niels Birbaumer consiguió hablar por primera vez con un enfermo de ELA sin capacidad de movimiento, a través de un…
