La Antorcha
Reportaje

Higinio Marín: “A medida que caen las tradiciones, crecen las adicciones”

Enero 2024·5 min de lectura

tradiciones, crecen las adicciones” ¿Y si en la raíz de los problemas de salud mental hubiera causas que van más allá de lo psíquico? Es la tesis de Higinio Marín, rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera, profesor de Filosofía y autor de obras como Teoría de la cordura y de los hábitos del corazón, que atiende a La Antorcha para abordar temas como la psicologización de la vida, la morfología del deseo o la necesidad de hacer promesas incondicionales. En alguna ocasión ha dicho que la salud mental es “un área de combate ideológico”. ¿En qué sentido? Hoy entendemos por enfermedad la ausencia recurrente de bienestar. Entonces, cuando hay cierta insatisfacción personal con la vida de uno -o con el trabajo, o las relaciones- enseguida tendemos a tratar esa situación como una patología. Tendemos a reducir la existencia y su trama a los desórdenes o dolencias psicológicas que la acompañan. Si alguien se muere, nos parece que hay que gestionar las etapas del duelo… Bueno, pero quizá hay que hacer algo más, ¿no? Es una sociedad muy superficial, que atiende de forma muy solícita a los síntomas, pero esquiva las causas. Es un debate científico, pero también moral y político. Un ejemplo: por supuesto que hay que cuidar a los niños cuando se producen separaciones… pero tal vez debamos revisar si las políticas públicas deben fomentarlas o plantear otras líneas de actuación.

que nos aprestábamos a las causas religiosas. A mí me parece que todos estos psicofármacos son paliativos de una dolencia que no se cura, cuyas causas no abordamos y cuyas raíces no alcanzamos a entender. ¿Tal vez porque las causas del malestar son espirituales, y no físicas? Pienso que sí, y una de ellas es la distorsión del deseo. Vivimos en un régimen de exacerbación del deseo posesivo. La saturación de satisfacciones ha generado una morfología del deseo obesa. Me recuerda a Los zapatos rojos, el cuento de Andersen: cuando deseamos con una intensidad desmedida -es decir, sin un deseo más profundo que se oponga- quedamos poseídos por el objeto de nuestro deseo. Por eso dice el sociólogo Anthony Giddens que a medida que han ido cayendo las tradiciones -que siempre conllevaban una alternancia de momentos de satisfacción y de privación voluntaria- han ido creciendo las adicciones.

Mientras, España lidera rankings mundiales en consumo de ansiolíticos y sedantes… Y de cirugía estética, y de caída de nacimientos, y de aprobación de leyes en contra de la vida… Creo que la correlación no es irrelevante. Los españoles nos aprestamos a las causas ideológicas con el mismo entusiasmo con el

¿Cómo moderamos este deseo de poseer? Desde sí y por sí no es posible. La forma de moderarlo es entender que los seres humanos tenemos otra forma de deseo más decisiva y capaz de dinamizar la existencia: el deseo comunicativo. El ejemplo más elemental

es cuando te cuentan un chiste y sientes la necesidad de contárselo a otros: todos los bienes desencadenan esa dinámica expansiva. El deseo comunicativo no nace de una carencia, sino de una posesión, pero que no está privada. Cuanto más se participa, más perfectamente se posee. Por ejemplo, el deseo sexual se reproporcionaliza al vincularse con la pasión interior de la intimidad comunicante. Ahí se produce el milagro de la castidad cristiana.

una morfología interior en la que los afectos se adensan y son muy relevantes, pero no decisivos. Como el matrimonio, aunque hoy en día muchos lo ven como una locura Eso es muy interesante, porque nadie en su sano juicio haría una promesa como la matrimonial. Es decir, ¿de verdad puedes prometer un vínculo incondicional? ¿Ocurra lo que ocurra, en la pobreza y en la riqueza, en la enfermedad…? Es una promesa que expresa un anhelo originario del corazón humano, y al hacerla con la pretensión de darle cumplimiento uno sabe que por sí mismo no será capaz, y que está apelando a un poder más grande que el suyo. Por eso casarse por la Iglesia es el movimiento espontáneo y razonable para los que hacen esa promesa. Vamos a un lugar sagrado a invocar auxilio para un anhelo del corazón que sospechamos que nos haría felices de poder darle cumplimiento.

Tener cordura es tener corazón, y el ejercicio propio de este es recordar: regresar las cosas al corazón. En su libro Teoría de la cordura y de los hábitos del corazón plantea que la “locura” es un concepto social Sí, pero hay palabras que no se dejan domesticar, como “cordura”, que viene del término latino cor, cordis (“corazón”). Tener cordura es tener corazón, y el ejercicio propio de este es recordar -que también incluye cor, cordis en su etimología-; regresar las cosas al corazón. Recuerda quien no deja caer en el olvido lo sustancial de la existencia, como Penélope en la Odisea o la Virgen María, de quien se dice en el Evangelio que guardaba todo “en su corazón”. Recordar es una forma de adensar la existencia y la interioridad: guardar las palabras escuchadas, las palabras dichas… Hacer promesas incondicionales es un acto que abre y consolida

El profesor de Filosofía, Higinio Marín. Josema Visiers

La salud mental en cifras 4 de cada 10 españoles (39,3%) valora de forma negativa su salud mental. Los españoles dan una importancia de 4,5 sobre 5 sobre su bienestar general. Los 3 motivos más señalados como causas de este empeoramiento son: las dificultades económicas (91,4%), la incertidumbre ante el futuro (89,0%) y la presión, las exigencias y estrés del día a día (88,8%), seguidas de la pandemia del COVID-19 y de la sensación de que vivimos en una sociedad cada vez más individualista y competitiva. Transcurrido más de un año desde el final de la pandemia, casi 6 de cada 10 españoles (57%) se sienten preocupados, temerosos, deprimidos o tristes. 4 de cada 10 personas en España (42,1%) han sufrido una depresión a lo largo de su vida; un porcentaje algo mayor, un 47,6%, han experimentado ataques de ansiedad o pánico y un 36,9%, ansiedad prolongada en el tiempo. El 14,5% de la población ha tenido ideas suicidas o ha intentado suicidarse. Por edad, las ideas o el intento de suicidio (31,8%) y las autolesiones (30,7%) se producen en mayor grado en el grupo de jóvenes de 18 a 24 años. Un 18,9% de la población adulta consume psicofármacos y el 73% de ellos lo hace a diario. Los más utilizados son los ansiolíticos (61,9%) y los antidepresivos (47,2%). Quien los prescribe de forma más habitual es el médico de Atención Primaria (55,1%), seguido del psiquiatra (35,2%). El 26,2% acude actualmente a un especialista de salud mental (20,8% a consulta de Psicología y 17,6% a consulta de Psiquiatría). Algunas personas reciben atención de ambas especialidades.

PERFIL DE LA PERSONA CON MALA SALUD MENTAL: Casi 1 de cada 4 (22,8%) autoevaluaron su salud mental como mala o muy mala. Las personas con diagnóstico de problema de salud mental, suele producirse en la juventud (edad media en los 26 años). Los problemas y relaciones familiares (36,3%) y la autoexigencia profesional o académica (32,4%) son las dos causas más señaladas como detonantes. En los tratamientos de terapias, el 57,1% se basa en la prescripción de fármacos, seguido por la psicoterapia (47,6%) y la participación en programas sociales de apoyo (27,4%). Más de la mitad (58,5%) ha sentido rechazo social por parte de su entorno. Además, el 55% ha sentido en algún momento discriminación, siendo el laboral el ámbito más común. 1 de cada 5 personas diagnosticadas ha estado ingresada en un área de psiquiatría. De ellas, el 60,1% ha sido de forma involuntaria, un 40,3% recibió poca o ninguna información comprensible sobre su trastorno, el 46,3% afirma que recibió poca o ninguna información suficiente acerca de los efectos secundarios de la medicación y un 48,1% manifiesta que recibió poca o ninguna información sobre tratamientos alternativos. La población considera que no se destinan suficientes recursos. Señala como necesario aumentar el número de profesionales de salud mental (67,8%), y la existencia de más centros de salud mental…