La Antorcha
Reflexión

El Creador y la creación

Noviembre 2024·5 min de lectura

Creador, la creación y las criaturas. En el verbo está la vida y la vida es luz para los hombres. La fe en la revelación del Verbo Eterno del Padre perfecciona la razón como el escultor la piedra, pero si la piedra se pulveriza, la piedra queda a merced del viento. Es el sentido de una intuición intelectual por el que el libro de la naturaleza de las cosas visibles de este mundo significa las cosas invisibles del otro mundo. Hay dos baluartes donde la fe arraiga en este mundo nuestro tan ideologizado, la realidad, “Nada hay en el intelecto que no esté antes en los sentidos” y por tanto en la realidad que se deja conocer. Y la experiencia humana, estos son los puntos de intersección para que la fe y la ciencia se encuentren “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” Esto despierta el sentido de la experiencia. Cristo, que “trajo toda novedad, al traerse a sí mismo”. Aquel que ha de crecer para llevar nuestra humanidad a plenitud enseñándonos a ser en verdad “hijos de Dios”.

De signos y milagros

Lectura del santo evangelio según san Juan 2, 1-12

Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: "No tienen vino". Jesús le dice: "Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora". Su madre dice a los sirvientes: "Haced lo que él os diga". Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dice: "Llenad las tinajas de agua". Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dice: "Sacad ahora y llevadlo al mayordomo". Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice: "Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora".

E

n la segunda tentación de Satanás en el desierto, este le pide a Jesús que se lance del pináculo del templo porque lo recogerán los ángeles. Es la tentación de la espectacularidad, del impacto de las cosas grandes y magníficas. Sin embargo, los milagros de Jesús no tienen la función de resultar espectaculares, sino que buscan reforzarnos en la fe o darnos signos de una realidad más grande. Es el caso de la conversión del agua en vino en las bodas de Caná. No se trata tanto de la posibilidad física de transformar el agua en vino, pues eso no cambia el corazón, como se atestigua en los milagros de las plagas de Egipto, emuladas por los sacerdotes del Faraón. La fuerza de la fe, atestiguada por los signos, es una realidad mucho más profunda que la capacidad científica o técnica de transformar elementos. El milagro de Caná está en el orden de los signos, como testimonio de una realidad venidera, como garantía de lo que significa: el desposorio entre Cristo y la humanidad, entre la divinidad y la humanidad, entre Cristo y su Iglesia. Es la divinización del hombre lo que pretende mostrarnos el Señor, una Alianza, no simplemente que tiene el poder de convertir

el agua en vino, puesto que, como ocurre en la primera tentación del desierto, Jesús bien dice al Tentador: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Hay una realidad más alta, más profunda, más verdadera, más radical, que la realidad física. Hay una fuerza mayor en lo que nos viene por la fe, que tiene la capacidad de transformar la realidad misma del hombre en una elevación absolutamente radical y nueva. Dios asume la humanidad para que el hombre pueda asumir la divinidad. Es el intercambio más feliz y potente que se puede dar. No nos transformamos en superhéroes, en seres algo superiores; somos como Dios. Obtenemos, aunque oscurecida todavía, su visión, por la fe. Eso significa el signo de Caná, porque lo esencial es invisible a los ojos, como dijo Saint-Exupéry, por ello necesitamos de los signos, para que podamos, a través de ellos, entender lo que nuestra mirada no capta, pero sí la fe. El signo definitivo de los milagros es este: que la técnica también podría llegar a mover montañas, pero jamás los corazones.

Una señal

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 1-4

Se le acercaron los fariseos y saduceos y, para ponerlo a prueba, le pidieron que les mostrase un signo del cielo. Les contestó: "Al atardecer decís: “Va a hacer buen tiempo, porque el cielo está rojo”. Y a la mañana: “Hoy lloverá, porque el cielo está rojo oscuro”. ¿Sabéis distinguir el aspecto del cielo y no sois capaces de distinguir los signos de los tiempos? Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el de Jonás". Y dejándolos se marchó.

U

no de tantos entretenimientos en los viajes al extranjero es enfrentarse a señales de tráfico totalmente desconocidas. A pesar de una cierta estandarización, existen señales específicas en cada país que requieren especial atención. Algunas parecen bastante evidentes, como las que se podrían encontrar a las afueras de Longyearbyen, con su oso polar dentro de un triángulo de peligro. Otras, simplemente, requieren ser instruidas, pues por sí mismas no evocan ni dicen nada. Queremos una señal. En dos ocasiones los fariseos se acercan a Jesús a pedírselo explícitamente, de acuerdo con san Mateo (Mt 12, 38 y 16, 1). “Háblanos con un lenguaje inteligible que exponga tu poder y pretensión”, diríamos hoy. Pero a pesar de esa aparente justa pretensión de los fariseos, sólo encontrarán invariablemente la misma respuesta por parte de Jesús: “No habrá para vosotros otra señal que la de Jonás”. La señal de Jonás no es otra que su estancia en el vientre del gran pez por tres días. Los mismos que permanecerá el Hijo del Hombre en las entrañas de la tierra. ¿Queréis una señal? Ahí la tenéis: precaución, cetáceo devorador de uso turístico en la siguiente salida. Algo inaudito, la resurrección. Ante la pretensión de una señal, y ante la respuesta invariable de la señal que

van a recibir, Jesús expresa sus dudas sobre la capacidad para recibirla con provecho por parte de sus interlocutores: son una generación perversa y adúltera. Aplicamos la mente para conocer el mundo por medio de la razón. Jesús dará una breve lección sobre los conocimientos meteorológicos de carácter empírico de su tiempo. Pero manifiesta su extrañeza cuando ante otros signos la mente permanece muda. Hay un adulterio sin duda presente en la mente humana. Los jacobinos auparon sobre el altar una estatua neopagana de la diosa razón, sin siquiera revestirla decorosamente del mito. Pretendían consagrar la desconexión y exilio de una de las partes de la asombrosa mente humana. La que san John Henry Newman era capaz de ver y exponer en sus sermones dirigidos a la Universidad de Oxford durante sus años de predicador ante la universidad (1828-1844), donde exponía con brillantez cómo la mente humana adquiere conocimientos por la razón, pero también por la fe. No sólo por la razón, tampoco por la razón como método exclusivo, dando por buenos los datos de la fe. No, también por la fe, como un “hábito de la mente”, capaz de conocer a la par de la razón. Una fe que sabe, como hábito de la mente, entender las señales que conducen amablemente al destino.

Ilustración | La ilustración que hemos encargado a Vali Olguín para este número muestra cómo Cristo y la Virgen revelan al hombre su verdadera naturaleza

Un Humanismo integral POR MONS. JOSÉ MAZUELOS | OBISPO DE CANARIAS José Mazuelos, obispo de Canarias, médico y presidente de la Subcomisión para la Familia y la Defensa de la Vida de la CEE, nos ofrece una meditación guiada reivindicando el humanismo iluminado de Jesús de Nazaret, para dar respuesta al verdadero sentido de la vida. abierta a la trascendencia o una razón encerrada en la inmanencia.”

“Pilato le dijo: —‘¿O sea, que tú eres Rey?’ Jesús contestó: ‘Tú lo dices: yo soy Rey. Para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para…