La Antorcha
Reportaje

Cuando el dinero cae , literalmente, de la nube

Noviembre 2025·5 min de lectura

Consejo editorial: Ricardo Cuevas, Ana Isabel Corrregidor, Carmen Fernández de la Cigoña, Maika Fornieles, Rafael Murillo, Vicente Navarro, Pablo Pomar y Jorge Soley Ilustración de la portada: Babanguda

Colaboran en este número Alfonso Basallo Periodista y escritor | Javier Barraycoa Doctor en Filosofía y profesor de ciencias políticas la Universidad CEU AbaT Oliba | Diego Blanco Albarova Escritor y productor audiovisual | Ricardo Cuevas Periodista | Club Dalroy Podcast sobre cultura católica y familia | Carlos Esteban Periodista | Antonio María Doménech Sacerdote | Carlos Fidalgo Gallardo Profesor Titular de la Universidad de Sevilla, Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España | Enrique García-Máiquez Poeta, escritor y columnista | Mariona Gúmpert Escritora y Doctora en Filosofía | Fabrice Hadjadj Escritor y filósofo | Declan Huerta Sacerdote | Hughes Escritor y periodista | Julio Llorente Periodista y editor | Isidro Molina Sacerdote | Miriam Montero de la Vega Miembro de la Junta directiva de NARTEX | Álex Navajas Periodista | Pablo Pich Sacerdote | Esperanza Ruiz Periodista y escritora | José María Sánchez Galera Periodista | Pablo Sanz Bayón Profesor de Derecho Mercantil en la UNED | Jesús Sanz Montes Arzobispo de Oviedo | Jorge Soley Climent Economista y escritor | Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo Periodista | Mar Velasco Filóloga La Antorcha, editada por la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) C/ Isaac Peral 58, 28040 Madrid | Teléfono: 91 456 63 27 | comunicacion@acdp.es | Edita: Secretariado Nacional de Comunicación ACdP | Impresión: Imedisa S.L.U. | Depósito legal: M-29202-2022 | ISSN: 2952-1815 www.acdp.es/la-antorcha/

La Antorcha

Clara González González Guillermo Altarriba Vilanova Álvaro Espinosa Malagón José Antonio Méndez Pérez Redacción

43 - Reflexiones de los Evangelios 48 - ¿Perdona nuestras "deudas", o perdona nuestras "ofensas"? 50 - ¿Por qué Jesús dijo que no podemos servir a Dios y al dinero (y no al poder, al sexo o a la violencia)? 53 - Montes de Piedad 56 - El dinero, ¿compra el cielo o el infierno? 58 - Entrevista a José María Larrú | "Vivir por debajo de mis posibilidades es un buen criterio evangélico" 62 - Por qué la Iglesia no vende sus tesoros y otros tópicos 66 - 7 implicaciones prácticas de la doctrina económica de la Iglesia 72 - La espiritualidad del dinero: ¿un pacto con el diablo? 75 - De la corona al harapo: cinco santos que usaron el dinero para llegar al cielo 78 - Entrevista a Higinio Marín | “El hombre deja de poseerse a sí mismo porque vive para poseer cosas" 84 - Fabrice Hadjadj | La adivinanza del adinerado 90 - Club Dalroy | El distributismo hoy 92 - Julio Llorente | Liberalismo y fe 96 - Recomendaciones literarias 98 - La avaricia desde el arte 102 - Aforismos 104 - Mil pesetas 106 - La España del Siglo de Oro: la época en que el pensamiento lucía más que el dinero 110 - Donde hay monedas hubo civilización 114 - Dinero digital 118 - Entrevista a Fernando Paz | “"El globalismo es una síntesis de lo peor del capitalismo, del comunismo, del liberalismo y del fascismo"" 120 - El problema de Walter White 124 - ¿Por qué los dragones siempre acumulan tesoros?

Carta del director

A

menudo me descubro circulando en coche, en silencio, imaginando qué haría si de repente cayeran en mi bolsillo unos cuantos millones de euros. Hay en ello una parte de juego, de imaginación y otra, no menos importante, de preocupación, por aquello de tenerlo todo controlado. De tener el futuro asegurado, sin imprevistos, pensando, equivocadamente, que es la mejor manera de vivir tranquilo y sin demasiados sobresaltos. Justo lo que le aconseja el Diablo a su sobrino en la obra de Lewis, ― procurar que la gente esté muy preocupada por el futuro, ya que ello los aleja de Dios― . Lo mismo ocurre si alguien vuelve insistentemente la

vista hacia el pasado. Lo verdaderamente importante es el presente, ― momento en el que el Señor actúa en nuestras vidas― y debemos procurar vivirlo adecuadamente, sin detenernos demasiado en el pasado ni proyectándonos excesivamente en el futuro. De otro modo nos alejamos no sólo del Señor, sino también de nuestra vida y de la realidad. Y curiosamente, esa proyección hacia el futuro casi siempre tiene que ver con el dinero. Será porque en el fondo creemos que la mayoría de nuestros problemas desaparecerían y podríamos vivir más tranquilos, ― aspiración muy digna por otro lado― .

Pero la realidad es que los millonarios quieren que su matrimonio funcione, que sus amigos los quieran de verdad, que sus hijos no se pierdan por el camino… y se ven incapaces de conseguirlo a golpe de talonario. Han tenido que ganar mucho dinero para darse cuenta de que las preocupaciones verdaderamente importantes siguen robándoles la paz por ceros que tenga su cuenta bancaria. ¡Qué importante es el dinero y a la vez qué poco necesario para lo realmente valioso! Sin dinero no podríamos alimentarnos debidamente ni tener un techo donde cobijarnos ni podríamos educar a nuestros hijos, pero da igual tener poco o mucho porque lo que hará de nuestra casa un verdadero hogar será, a fin de cuentas, la calidad humana de las personas que en él vivan. Hay que ir con cuidado con el dinero, huir de quienes lo desprecian, seguramente movidos por el resentimiento, pero también de quienes lo idolatran, movidos por la ambición o la inseguridad. El dinero hay que saber utilizarlo. Precisamente para que nos ayude en esas necesidades vitales: educar a los hijos, alimentarlos debidamente, construir un hogar digno… pero, en la medida de lo posible, tratándolo con la santa indiferencia de la que habla san Ignacio. Si uno lo tiene, hay motivo para celebrarlo, pero también para estar vigilante porque será más complicado no convertirlo en un ídolo, en algo que amordace las preocupaciones y ofrezca un sucedáneo de paz al corazón. Y si otros no tienen tanto también es motivo de agradecimiento porque con mayor facilidad podrán vivir la sencillez y la austeridad, tan necesarias para llevar una vida ordenada.

También es importante diferenciar entre la ambición y el deseo de tener el dinero que nos permita vivir dignamente y hoy ambas cosas pueden confundirse porque hay una gran cantidad de gente que puede parecer ambiciosa, porque quiere cobrar más y porque quiere ahorrar, pero habría que ver si ese interés es fruto de la ambición o consecuencia de la precariedad laboral, del aumento del coste de la vida, de la dificultad para acceder a una vivienda digna a un precio razonable y otros tantos factores. En cualquier caso, si el dinero se convierte en la meta, en el fin, si seguimos la lógica del beneficio por el beneficio, todo se desordena. En las empresas no hay preocupación por el trabajador ― solo engañifas que bajo apariencia de cuidado y team building no buscan más que la motivación y la rentabilidad― , los trabajadores no son fieles a la empresa ni se sienten parte responsable de ella ― están dispuestos a abandonarla por cuatro perras― , las relaciones sociales se convierten en un horrendo y vulgar escaparate y el resentimiento campa a sus anchas desatado. Idolatrar y despreciar el dinero son las dos caras de la misma moneda, pues suponen un amor desordenado por él. Y lo que trataremos de exponer en este número de La Antorcha es la necesidad de ordenar nuestra relación con los bienes materiales. Es imperativo tratar el tema desde una perspectiva cristiana. El lector encontrará en estas páginas un titular que probablemente sea el mejor resumen de todo el número y la aproximación más precisa a la cuestión del dinero desde la fe: “El cristiano está llamado a vivir por debajo de sus posibilidades”. Austeridad, desprendimiento y generosidad son el epítome de las virtudes esenciales.

Precisamente. Jesucristo enfatiza que lo que nos libera de caer en la tentación de luchar y guerrear por la conquista del pan no son las revoluciones, ni las guerras, ni los conflictos violentos, sino buscar la palabra…