morir, como dijo acertadamente Emmanuel Mounier. Un contrasentido, pero que pone ante los ojos con claridad la auténtica realidad del hombre: sin futuro, incluso el presente se convierte en insoportable para el hombre; ésta es también la causa de que la mayoría de las veces no nos atrevamos a decir a los enfermos incurables la verdad de su situación. Nada es más difícil de soportar que la ausencia de futuro. Pero el suicidio por huir de la muerte ilumina solo de forma estridente la paradoja del ser humano en general: está totalmente referido al futuro y, con todo, el futuro le está
en definitiva vedado, pues su fin es la muerte. En esta contradicción entre referencia y privación de futuro radica la auténtica melancolía de la existencia humana, tanto más sensible, cuanto más despierto vive el hombre su vida, cuanto más radicalmente acepta la muerte realmente como muerte y como fin definitivo. (...) La llamada al futuro que brota del hombre no se agota en un colectivo anónimo; el hombre exige un futuro que lo incluya también a él mismo personalmente. La esperanza de Abraham debía ser superada o más bien repleta de nuevo contenido en la medida en que el hombre se descubriese a sí mismo. Creer en el Dios de Jesucristo significa creer en el Dios que aun tras el muro de la muerte, y entonces más que nunca, da comienzo al futuro. Sólo al realizarse esto, se asegura verdaderamente el futuro". *Fragmento extraído del libro Fe y futuro (Joseph Ratzinger, 1970)
1 Jon Mentxakatorre ha defendido una muy interesante tesis doctoral titulada precisamente La muerte como don: J. R. R. Tolkien hacia una metafísica del arte y la redención, accesible online.
La Misa: un sacrificio incruento que nos acerca a la vida eterna Dos “expertos” en la eucaristía buscan el corazón del sacramento: el sacerdote Patxi Bronchalo, párroco en la diócesis de Getafe, entrevista al cineasta Pietro Ditano, director y guionista de la película El beso de Dios, el documental que promete explicar la misa “como nunca te la habían contado”. Patxi Bronchalo / Este número está dedicado a la muerte. En tu experiencia, ¿qué tiene que ver la Misa con ella y con el sufrimiento?
condenamos a la infelicidad, al fracaso. El otro día leí una frase en la Primera Carta de Pedro que me renovó mente y corazón: “Poned totalmente vuestra esperanza en la gracia que os será traída en la revelación de Jesucristo”. Es liberador construir mi esperanza sobre roca, poner mi tesoro ahí y hacerlo todo pensando en ese día.
Pietro Ditano / ¡Qué pregunta, macho! Yo creo que más allá de la sepultura, en vida también experimentamos muertes dolorosísimas: desesperanza, falta de sentido… Las he vivido. Y entonces Jesús, que es un sanador, dice: “Yo soy la resurrección y la vida”. Para mí, la eucaristía ha sido –y es– la fuente de la resurrección en todas esas muertes. Pienso en las sanaciones: la hermana Briege McKenna, la Comunidad del Cenáculo. Y la gente se infla a pastillas… ¡pero si cada día tenemos en el altar al mismo que resucitó muertos y curó enfermedades incurables! Científicamente, incluso, se podría hablar de presencia de Jesús solo por la causaefecto de la gente que es sanada –somos sanados– a través de la eucaristía.
Pietro, ¿tú tienes miedo a la muerte o al sufrimiento? A la muerte, poco; tengo mi conciencia en paz. Cuando no era así, sí tenía miedo, pero ahora anhelo encontrarme con Jesús. ¿Al sufrimiento? Quizá más, pero en este momento -no te puedo mentir- siento mucha gracia de Dios. Aunque no me atrae sufrir, Él me dará su gracia para vivirlo. El sufrimiento se vuelve un infierno en la tierra cuando estamos separados de Dios.
Encuentro personas que me dicen “Dios es bueno, pero se ha muerto mi hijo”, o “tengo cáncer”. ¿Qué les dirías?
“Coge tu cruz y sígueme”, dice Jesús en el Evangelio. Recordaba también ahora al santo Cura de Ars, que decía que si supiéramos qué ocurre al comulgar, nos desmayaríamos.
Que humanamente ponemos nuestra esperanza en este mundo: en nuestra salud, en nuestra familia, en nuestro trabajo… pero así nos
La misa es central en la Nueva Alianza, y hay que entenderla en su contexto, forma parte del plan mayúsculo de Dios desde la Creación. Para
P. Patxi Bronchalo y Pietro Ditano. Josema Visiers
¿Qué cambió?
entender la misa, hay que ir hasta el Génesis: sin el paraíso y la caída del hombre, la misa ni se entiende ni sería necesaria. Es algo muy grande, y nos viene muy grande. Es normal, ¡es como si a un niño le das un Ferrari!
Llegó la Peregrinación Europea de Jóvenes a Santiago de Compostela, de donde soy, y yo me había comprometido a prestar un servicio. Como allí vivo muy cerca de una iglesia, volví a la misa diaria; no tenía excusa. Y fue increíble. Desde el primer día sentí cómo volvía la luz. Empecé a recuperar la esperanza y la alegría, descubrí la fuerza que hay en la misa: aunque no lo sientas, ahí Dios te da la fuerza para hacer cosas que, si no, son impensables. También eleva nuestras intenciones, nos regala sus pensamientos.
¿Algún consejo para vivir mejor la Misa? No soy nadie para dar consejos, pero creo que lo importante es no dejarla, aunque haya momentos en que no te enteres de nada. Cuando comulgas, aunque no sientas nada, y recibir al Señor haya sido como comerte un gusanito, Él te llena de gracia para afrontar el día a día. Sobre esto, en verano tuve una experiencia tremenda. Yo tenía mi esperanza puesta – humanamente, como te decía– en el éxito de El beso de Dios. Quería recuperar el 100% de la inversión, que fuera un éxito… y en España, aunque fue razonablemente bien como misión, no recuperamos el dinero. Empecé el verano desilusionado, retirado, con mi familia. Tenía la misa diaria a unos veinte minutos andando, y me costaba ir. Empecé a notar que mi depósito estaba sin gasolina, pero no lo achacaba a no ir a misa, porque leía la Palabra… pero la oscuridad, la desesperanza, iba creciendo en mí. El demonio echaba raíces en mi corazón.
Se suele decir que Él nos deifica, nos cristifica. Entrando en la Misa, ¿qué ocurre allí? Es un lugar de descanso, de reconstrucción y hasta de deconstrucción, y para apreciarlo hay que dilatar el tiempo. Llegar antes de que empiece y quedarse después: la misa es el alimento del alma, ¡y a nadie se le ocurre engullir, salvo que no tenga más remedio! ¿Y qué ocurre en misa? La Palabra tiene una presencia brutal: la Iglesia ha construido la liturgia durante siglos, inspirada por el Espíritu Santo, y es un tesoro. Las elecciones de las lecturas son sublimes,
‘El beso de Dios’, un proyecto “misterioso” y “deslumbrante”
¡Qué oración más hermosa! Las últimas palabras de Benedicto XVI, también. Una última pregunta: esto que vivimos como cristianos, ¿cómo podemos testimoniarlo fuera?
con ellas comprendemos más el misterio. También el día a día: en la liturgia encontramos respuestas a las dificultades cotidianas. La misa bien vivida es un baile con la vida. Eso es la primera parte, la liturgia de la Palabra. ¿Cómo explicarías qué ocurre en el altar?
Creo que el servicio es la actitud central, es lo que nos diferencia: renunciar al mejor trozo de tarta, al sitio más cómodo. Ahí no está nuestra esperanza. La actitud de servicio me desconcertaba, porque es profundamente sobrenatural. También testimoniamos con la coherencia del amor, que es dificilísimo de vivir. El anuncio del Evangelio solo tiene sentido si vivimos el “amaros unos a otros”. Para mí, la tentación es pensar que, como hago películas sobre Dios y la eucaristía, ya estoy sirviéndole, pero si luego no soy capaz de querer al prójimo… El testimonio es quererle: si lo hago, casi da igual si hago un documental sobre la misa o no, porque estoy amando.
En el Ofertorio se presentan unos dones de pan y vino, pero también nuestra vida: es el momento de poner todo, lo bueno y lo malo, sobre el altar. Lo que ocurre es que viene el cielo sobre el altar: la presencia de Dios transforma lo que entregamos ahí, y el pan y el vino son transformados también, de forma…
