La Antorcha
Reflexión

Fantasía abandonada

Enero 2024·5 min de lectura

n 2006 se estrenó Más extraño que la ficción, un largometraje protagonizado por el cómico estadounidense Will Ferrell. En él, Ferrell interpreta a Harold Crick, un aburrido funcionario de Hacienda que de repente comienza a escuchar una voz que va describiendo en tiempo real todos y cada uno de sus pensamientos, sentimientos y acciones, como si fuera el personaje de un libro. El descubrimiento de esta voz que solo él puede escuchar le lleva al psiquiatra. La terapeuta, tras darse cuenta de que el problema de su paciente no puede atribuirse a la esquizofrenia que se había apresurado en diagnosticar, en un acto tan humilde como perspicaz decide derivarlo a un experto en literatura para que le ayude a comprender lo que le ocurre. A partir de ahí la película se pone todavía más interesante. Una buena opción de mantita y sofá. En cierto modo, el argumento de esta película me ahorra mucho trabajo ya que resume estupendamente el propósito de este artículo. La experiencia de este triste funcionario que una mañana cualquiera descubre que

se trata del personaje de un libro, simboliza metafóricamente la realidad más importante que una persona puede llegar a descubrir y representa exactamente el quid de la cuestión que pretendo exponer en este número de La Antorcha. ¿Cuál es esta realidad que todos estamos llamados a descubrir? Que no somos los autores de nuestra propia historia. Aceptar esto implica reconocer algo muy difícil: que por mucho que nos empeñemos, tenemos un control limitadísimo sobre las cosas que nos ocurren, sobre nuestro día a día, sobre nuestro futuro, sobre las vidas de nuestros hijos, nuestras carreras, nuestra salud, nuestras relaciones o nuestra suerte. No somos los autores de nuestras vidas. Somos, como Harold Crick, los protagonistas de una historia que Otro está escribiendo. Una historia sin Autor Sin embargo, cada vez con más virulencia, esta sociedad nos obliga a creer que no hay autor. Que como no hay Otro, somos nosotros los autores de nuestras vidas. Esto, por lógica, nos conduce

al individualismo egoísta más brutal. Si el autor eres tú, entonces no hay nada que te impida autodeterminarte, ser lo que quieras ser, forjar tu propio destino, conseguir todos tus sueños… ¿Le suena esta cantinela? Quizá usted o su nieta tenga una agenda con algún mensaje de este tipo escrito con purpurina sobre un arcoíris o un unicornio kawaii. Desde aquí el mantra va degenerando. Puede que el unicornio tenga su gracia, pero que las servilletas con mensajes happy del bar de la esquina ("¡Si puedes soñarlo puedes hacerlo!") no te dejen ni tomar el café en paz o que la tía Engracia te machaque diariamente con memes del tipo "El único que te va a salvar del fondo del pozo eres tú mismo" o "Crear una vida extraordinaria depende de ti" porque "si tienes éxito es por ti, si fracasas es por ti, si eres feliz es por ti, si estás triste es por ti, si vives bien es por ti, si vives mal es por ti" la mañana de un lunes de lluvia, ya no tiene gracia ninguna. Al menos, digo yo, que no me exijan ser mi mejor versión porque sí, por lo menos que me lo pidan por favor. Todos estos mensajes, en el fondo, son terribles, porque todos dicen lo mismo: que si no eres feliz es porque no quieres. Y lo dicen, atención, en una sociedad y en una época en la que nadie es feliz.

dejando a buena parte de nuestros jóvenes severamente dañados ¿se debe a que la gente no quiere ser feliz? ¿De verdad nos creemos eso? A ver si el problema no va a ser ese. A ver si el problema va a ser que para la sociedad el simple hecho de sufrir es una enfermedad. Miremos, si no, la definición de salud que establece la Organización Mundial de la Salud (OMS): “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Si esto es cierto, como sufrir, sea por lo que sea, es algo que te aleja del completo bienestar físico, mental y social, por consiguiente, es una enfermedad. O sea que para la OMS estar embarazada supone estar enferma, ya que no deja disfrutar del completo bienestar físico y no llegar a fin de mes o estar en desacuerdo con el poder establecido supone también estar enfermo, ya que no permite disfrutar del completo bienestar social. El que no tiene dinero es un enfermo, el crítico es un enfermo, el que sufre porque acaba de morir un ser querido o por ver como hacen bullying a su hijo es un enfermo también. Cualquiera que de cualquier modo no experimente un completo bienestar, para la OMS está enfermo. Así que probablemente usted esté enfermo y yo también junto a toda la sociedad, porque es imposible vivir sin experimentar algún tipo de sufrimiento. Cada vez es más común ver en las noticias a muchos de los que han intentado vivir sin sufrir vagando como zombis por las calles de Norteamérica, hasta arriba de fentanilo. Y es que en la cuestión del sufrimiento se encuentra la raíz de todo el problema. Desde el mayor de los respetos por aquellos que cargan con la cruz de sufrir una enfermedad mental y necesitar por ello de una verdadera ayuda profesional, es necesario preguntarse seriamente si uno está de acuerdo con la definición de salud de la OMS o si esta puede estar conduciendo, inevitablemente, a una sobrediagnosticación de las enfermedades mentales.

¿Cuál es esta realidad que todos estamos llamados a descubrir? Que no somos los autores de nuestra propia historia. Así que el recrudecimiento de los síntomas de una crisis emocional que ya pululaba en el ambiente mucho antes de la pandemia, el dramático aumento de los trastornos mentales, sobre todo en jóvenes y niños, de depresión, ansiedad e insomnio además de un empeoramiento generalizado de los trastornos mentales graves junto al aumento de autolesiones, disturbios emocionales, de conducta alimentaria e ideación suicida junto al incremento de consumo de drogas y alcohol que está

En 1897, un sociólogo (ateo) llamado Durk