chollo psicológico. Como decía Lope de Vega: "Trasladar a los brazos soñoliento / un hijo en bendición desde la cuna / es la más rica y próspera fortuna / que pueda descansar el pensamiento". En una familia normalica (o suficientemente buena o sensatamente imperfecta, como quieran), se ponen de manifiesto de manera espontánea las dos caras del amor: la de la aceptación del ser amado por ser quien es y la de la exigencia al ser amado para que esté a la altura de quien es. Cada cara corrige los excesos de la otra, permitiendo así que la aceptación no degenere en indulgencia y la exigencia en frustración.
Es perceptible un deseo de experimentar una pluralidad de formas de relación, pero seguimos buscando un amor seguro y alegre" La familia tiene muchas imperfecciones, pero quien sólo quiere ver sus imperfecciones, se está delatando a sí mismo. Con todas sus imperfecciones, es el primer ámbito al que acudimos cuando la intemperie resulta inhabitable. La familia llega antes que el Estado y se mantiene ahí cuando las ventanillas oficiales cierran por falta de recursos. Por otra parte, la imperfección (moderada, claro), tiene también su valor positivo, pues enseña la realidad de un mundo imperfecto. La convivencia sólo es posible si sabemos adaptarnos a las imperfecciones del otro. No hay padres perfectos. Unos son buenos en unas cosas y otros en otras y, por lo tanto, unos son malos en unas cosas y otros en otras. Pero ningún hijo tiene derecho a considerarse adulto hasta que no afirma el amor hacia sus padres a pesar de conocer todas y cada una de sus imperfecciones. Un hijo, un padre, una madre, un hermano… son un don. Tratarlos como tales es aceptarlos tal como son. No son ni un objeto de nuestro diseño ni un producto de nuestra voluntad, ni un instrumento de nuestra ambición. Por eso la familia nos enseña más que ninguna otra relación humana la apertura a lo recibido.
(o ‘La noche en que mi padre me enseñó a encender una hoguera’) por Guillermo Altarriba
Paternidades
restauradas en el cine actual
Tras décadas de un cine que proyectaba –y nunca mejor dicho– los peores estereotipos contra la figura del padre, en los últimos años se viene dando un fenómeno llamativo para restaurar ese retrato de la paternidad.
POR JUAN LUIS ORELLANA Y GUTIÉRREZ DE TERÁN I CRÍTICO DE CINE
L
a película Love story (A. Hiller, 1970) inauguró en el panorama cinematográfico un recorrido ideológico de crítica de la figura paterna desde los presupuestos de Mayo del 68. El rechazo de la autoridad, de la tradición y de una moral considerada patriarcal negativizaron la figura paterna, figura que en el cine de finales de siglo se transformó en un padre ausente, periférico, incompleto o disminuido. Sin embargo, en la segunda década de este siglo encontramos películas que proponen una cierta restauración de la paternidad, aunque con una fisonomía muy diferente. Se presentan modelos positivos y atractivos de paternidad, pero distanciados de patrones normativistas o excesivamente prescriptores, y poniendo en un lugar preeminente el componente afectivo, eso sí,
declinado de maneras muy diversas. Digamos que se restaura una paternidad diferente de la que existía antes de Mayo del 68. También encontramos muchas historias que parten de un vínculo paternofilial roto a causa de un padre que no ha sabido ejercer de tal, y que a través de un camino de perdón se restaura. También encontramos muchas películas que abordan la figura del padre sustituto, es decir, personajes que hacen de padres de alguna manera, sin tener un vínculo biológico con el “hijo” sobrevenido. Sin embargo, en los últimos años se percibe en el cine la necesidad de que la figura paterna biológica vuelva a encontrar de alguna manera su lugar natural. Hemos seleccionado cuatro películas que reflejan este estado de cosas con cuatro perfiles de paternidad diferentes.
Diamond Films
Beautiful Boy (F. van Groeningen, 2018) Esta película se basa en las memorias de David Sheff, y relata la lucha de un padre coraje por sacar a su hijo de las drogas. El personaje de David es un padre divorciado que se ha quedado con la custodia de su hijo Nic. Su mujer vive en otra ciudad y apenas tiene relación con Nic, que en el momento de la narración fílmica tiene dieciocho años. Así que David ha cuidado a su hijo en solitario.
para David comienza un calvario en solitario en el que va recordando todos los errores cometidos en la educación de su hijo, así como todos los momentos afectivos positivos vividos y la responsabilidad de la madre biológica. Una película que subraya las responsabilidades de un padre a la vez que hace una crítica de los presupuestos permisivos del Mayo del 68. Hay otras muchas películas de paternidades en solitario como Yo soy Sam (Jessie Nelson, 2001), De padres a hijas (G. Muccino, 2015), Milagro en la celda 7 (M. Ada Öztekin, 2019), 18 regalos (F. Amato, 2020), Mi hijo y yo (P. Guillard, 2010), After Earth (M. N. Shyamalan, 2013), Searching (A. Chaganty, 2018), Pearl (E. Amiel, 2018), Padre no hay más que uno (S. Segura, 2019), Perfumes (G. Magne, 2020), Siempre contigo (N. Bergman, 2020), Cerca de ti (U. Pasolini, 2020) o El secreto de Vicky (D. Imbert, 2021).
No obstante David tiene una nueva relación amorosa, con Karen, con la que ha tenido dos niños pequeños. A lo largo de la película y de todo el proceso autodestructivo de Nic, descubrimos que la relación entre padre e hijo ha sido fuertemente afectiva. Sin embargo, este afecto a menudo ha sido mal entendido y les ha llevado a una relación de colegas, compartiendo incluso porros. Cuando se detecta la gravedad de la drogadicción de Nic,
Hermoso, 1996), en ella no va a ser Tess la que viaje a buscar a su padre, sino que ella le va a tender una trampa para que sea él quien vaya a la isla y alquile la casa rural de su madre. El padre de Tess, Hugo, absolutamente ajeno a la existencia de su hija, y feliz con su actual pareja, afirma estar muy contento de no tener hijos. Lo más interesante es que cuando se entera de que sí tiene una hija, acepta su inesperada paternidad y asume su nueva responsabilidad con alegría. Ahora Tess, aunque sus padres no formen un matrimonio, tiene un padre y una madre. En esta película, más que un camino de perdón, encontramos uno de mutuo reconocimiento, ya que Tess había perdonado a su padre desde el principio, y solo la motivaba el deseo de conocerlo y establecer con él un vínculo afectivo. Cabe apuntar que aunque no se desarrolla, la actitud de la novia de Hugo es decisiva para facilitar el reencuentro, pues lejos de indignarse con la noticia de que su novio es padre, va a colaborar proactivamente en la asunción de Hugo de su responsabilidad.
Mi semana extraordinaria con Tess (S. Wouterlood, 2019)
Película holandesa familiar, basada en una novela de Anna Woltz. Tess es una niña que vive con su madre soltera en una isla. Esta lleva una vida muy alternativa y alquila una casa rural para turistas. Tess, una niña con mucha imaginación, cuenta a los demás que su padre murió en un volcán, convirtiéndolo en una figura casi heroica. Pero en realidad ella nunca ha sabido nada de su padre, el cual tuvo un affaire veraniego con su madre y desapareció sin saber ni siquiera que la había dejado embarazada. Su madre le ha dicho que no necesita un padre para nada. Lo cierto es que la niña no para de buscar a su progenitor por internet, sin que lo sepa su madre, porque para ella es imprescindible conocerlo, saber quién es, y en el mejor de los casos, empezar con él una relación. Un nombre escrito en el reverso de una foto va a ser la pista que la llevará a él. A la inversa que otras de esta temática, la película Como un relámpago (Miguel
Otros títulos son El regreso (A. Zvyagintsev, 2006), I never cry (P. Domalewski, 2020), El día de la bandera (S. Penn, 2021), El milagro del padre Stu (R. Ross, 2022), Narciso y Goldmundo (S. Ruzowitzky, 2020) o La canción de los nombres olvidados (F. Girard, 2019).
Ninjababy (Y. S. Flikke, 2021) Esta…
