el de Tesalónica, entre Constantino y Teodosio, el espacio en el que se deja de perseguir a la religión cristiana, con Constantino, y el momento en que Teodosio convierte el cristianismo en la religión oficial del Imperio
Usted dirá… La familia. Nos lo explica Engels en su célebre obra El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado: la familia, tal y como la conocemos, no es más que una adaptación, dentro de una fase determinada de la historia, de las relaciones humanas. Y para que cambiemos esas relaciones, tenemos que cambiar la familia, con toda la carga antropológica que tiene: monogamia, el papel del varón, la visión del hombre en supremacía sobre la mujer... Quienes defienden hoy esa revolución antropológica e histórica consideran la familia como el núcleo de una civilización equivocada. ¿Y por qué en España estamos en la punta de lanza de este movimiento? Porque en España se ha producido un
Ese cambio de paradigma antropológico, puramente materialista, ¿es lo que ha provocado que se hayan encontrado como aliados el ala izquierda, marxista, nihilista, y el ala derecha, liberal, capitalista? Exactamente. De hecho, en lo que estamos es en la imposición de un paradigma materialista, del que forman la cara y la cruz el progresismo ideológico, y la imposición de un nuevo orden mundial basado en el capitalismo transnacional. Por eso se complementan a las mil maravillas. De hecho, no es casualidad que una gran parte de los neoliberales más característicos de finales del siglo XX y comienzos del XXI procedan del marxismo. Y que las fuerzas liberales sean las que más han abanderado posicionamientos políticos como, por ejemplo, los vientres de alquiler. Porque cuando todo es mercancía, literalmente todo es mercancía, también el cuerpo humano. Al final son formulaciones no tan diferentes de la concepción materialista del mundo, del hombre y de la existencia. Y la izquierda las ha asumido porque ha entendido que el mejor camino para la imposición del materialismo radical no son las propuestas de tipo colectivista, sino las apelaciones al hiperindividualismo, al egoísmo de cada cual. Es mucho más dañino y eficaz para sus fines el acceso que existe hoy a la pornografía, o la adicción a las redes sociales, que leerte El capital o tener que coordinar acciones colectivistas.
romano. En ese siglo IV, el Concilio de Nicea y todas las elaboraciones que de él se derivan supone una revolución antropológica enorme. ¿Por qué? Porque, básicamente, los principios del cristianismo impugnan el orden anterior y asienta sobre otros pilares el futuro desarrollo de la historia. Por eso creo que nunca ha habido, en ese sentido, un enfrentamiento, una negación tan grande de la antropología cristiana, que tiene sus bases en la antropología natural, como el enfrentamiento al que asistimos ahora. Sí podemos encontrar sus raíces, porque al final, toda la formulación progresista no es más que una formulación antropológica. Su razonamiento partía del supuesto de que, para alcanzar la revolución antropológica, había que realizar antes una revolución socioeconómica. Pero el progresismo, más concretado en el marxismo, entendió que era al revés. ¿En qué sentido? En que la revolución social que debía conducir al cambio de los medios de producción y de la propiedad, era en realidad un obstáculo antes que un facilitador de ese cambio. El marxismo pensó eso porque los que más se resistían a esa revolución antropológica, lo hacían precisamente por la cuestión de la posesión de los medios de producción. Y ahí surge la formulación gramsciana, que pone el acento en lo cultural, olvidando o superando como necesidad el enfrentar esa fase de arrebatar los medios de producción. Los progresistas se dieron cuenta de que se podía llegar a la revolución antropológica, se podía subvertir la naturaleza, a través de la cultura y de los medios de comunicación, sin la necesidad de levantar las peores resistencias que generaba la lucha socioeconómica. Porque la finalidad que perseguían, como digo, es básicamente antropológica.
Esto, aplicado a la incisión contra la familia y contra la paternidad, ¿con qué estrategias se está desarrollando a nivel global? La imposición del nuevo orden mundial y de su relleno ideológico, el globalismo, con todas las políticas de género, etcétera, persigue una finalidad determinada. Pero sus características en ocasiones son muy heterogéneas. Es decir, que hay muchos globalismos: ecológico, transhumanista, de género, económico… Sin embargo, todos presentan un mismo vínculo, que es el neomaltusianismo.
¿Podría explicarlo mejor? El neomaltusianismo es una doctrina absolutamente falsa, errónea desde todos los puntos de vista (y quienes la sostienen, por supuesto, son plenamente conscientes de ello), pero que funcionalmente cumple para poder alcanzar su propósito último, que es la destrucción de la civilización occidental, cuyo núcleo es la familia. Como sostiene que sobran seres humanos y que somos una amenaza para el planeta, la destrucción de la familia es algo básico en sus planes; y dentro de la familia, es especialmente pernicioso el papel del varón. Por eso oímos todos los días hablar de masculinidades tóxicas y cosas semejantes, que no son más que la autoafirmación de una guerra contra el varón. Guerra que, además, exige una reformulación de la historia, que se nos presenta como el fruto de la conspiración del varón contra la mujer para mantenerla sometida; el famoso heteropatriarcado.
es absolutamente radical, y presenta unos aspectos jurídicos tan exagerados como no existen prácticamente en ningún lugar del mundo. Somos realmente la vanguardia del progresismo mundial y por eso se palpa de forma tan gráfica la erosión del papel del varón. ¿Hay un intento deliberado por expropiar a los padres el ejercicio de la patria potestad? Es una evidencia. Una propiedad se disfruta, mientras que los hijos, al contrario, son un deber de los padres. Por eso nadie había dicho que los hijos fuesen propiedad de los padres. Sin embargo, cuando ellos dicen que los hijos “no son propiedad de los padres” es para construir un maniqueo, para que en realidad los hijos pasen a ser propiedad de alguien. Y si no son de los padres, lo son de los poderes públicos, a través del Estado. Así que, si lo planteamos en esos términos, se trata de una expropiación: quieren quedarse con los niños. Por eso es cada vez más complicado que los hijos reciban los mismos influjos de la familia que hace treinta, cuarenta o cincuenta años, por parte de papá y mamá. Y eso, en la medida en que hay papá y mamá, porque no es que se reconozca que existen realidades como las familias monoparentales, sino que se están promoviendo esas fórmulas de paternidad “alternativas” y una mentalidad divorcista que son un obstáculo para el crecimiento normal de un niño. La expropiación de la patria potestad está en el núcleo del pensamiento progresista, y particularmente con la figura del padre varón, que saben que, antropológicamente representa para los niños la figura de Dios, confiable y amoroso. Si somos capaces de destruir la confianza del niño en su padre, destruimos no solamente la familia, sino también la confianza en Dios. Porque la destrucción de la familia y el hambre, decía Lenin, desarraigará de los hombres la idea de Dios.
Pero: ¿cómo se concreta esto en la familia? Fundamentalmente y, en primer lugar, con la promoción de todas las ideas y actitudes que conducen a la esterilidad. Es algo que vemos en muchas políticas: en políticas de salud reproductiva, o sea aborto, en políticas de transexualidad, en políticas que tienen que ver con el matrimonio entre homosexuales, con la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo… Por otra parte, se busca una erosión permanente del padre, a través de la adopción de políticas absolutamente lesivas contra el varón, como la desigualdad jurídica o el ocultamiento de datos como el número de muertes de mujeres a manos de mujeres, o de hombres a manos de mujeres.…
