La Antorcha
Reflexión

El derecho a soñar

Julio 2023·5 min de lectura

Ana María Martínez Sagi en un campeonato de lanzamiento de jabalina. Archivo Juan Manuel de Prada

H

oy quiero hablar del último libro de Juan Manuel de Prada: El derecho a soñar: vida y obra de Ana María Martínez Sagi. Biografía que fue su tesis doctoral, presentada y defendida en 2022, mereciéndole al autor un sobresaliente cum laude. Las pasadas navidades, mi marido y mis hijos me regalaron el libro, conocedores de mi estima por Juan Manuel de Prada, sabedores de que es un referente para mí, pues admiro su pensamiento y su dominio del lenguaje.

Recuerdo el día en que Jaume me contó que iba a asistir a la presentación de la tesis doctoral de Juan Manuel de Prada. Cuando me informó del tema de la misma, le dije más o menos estas palabras: “¿A quién se le ocurre perder el tiempo y dedicar tanto esfuerzo para dar a conocer a una persona absolutamente desconocida, habiendo tantísimos temas interesantes que tratar?” Después, cuando leí el libro, descubrí con grata sorpresa que, partiendo de algo pequeño y sin importancia,

el autor había creado una obra de arte sublime y deslumbrante. Eso me demostró que el arte, no siempre va de la mano de la mera utilidad. El propio autor afirma que El derecho a soñar es “el libro de su vida”, a pesar de que seguramente será el menos rentable de los suyos, el que menos se va a vender, el más desconocido y poco valorado. También me causó sorpresa que Juan Manuel de Prada, defensor a ultranza de los vínculos fuertes: familia, patria, tradición, religión…, defensor de la verdad como realidad de las cosas, se descolgara ahora con El derecho a soñar, título que me sonaba a quimera, a deseo, a idealismo puro y duro y que me sugería todo lo que está en las antípodas de su pensamiento. La vida de Ana María había sido una vida atormentada, trufada de desamores, desprecios y frustración, siempre intensa y apasionada. Ella ocultó muchas cosas, magnificó otras, puede incluso que imaginara algunas, por eso reinventó su vida, y así se la transmitió al autor, como una ensoñación, como lo que hubiera querido que fuese en realidad. Eso explica el título. Pero, ¿quién era Ana María Martínez Sagi, esa mujer, anodina e irrelevante, a quien jamás oí nombrar?, ¿qué había visto de extraordinario en ella Juan Manuel de Prada? y ¿por qué le dedicaba “el libro de su vida”? Juan Manuel de Prada tuvo conocimiento de Ana María Martínez Sagi leyendo la obra del periodista César GonzálezRuano titulada Caras, caretas y carotas, publicada en 1930. En ella, el autor recogía una serie de entrevistas realizadas a diferentes personajes de renombre del momento; entre los entrevistados aparecía una desconocida, mezclada con autores consagrados. Se trataba de una joven nacida en Barcelona, poeta, sindicalista, atleta, defensora del sufragio femenino, veinteañera por aquel entonces. La entrevista de González-Ruano a Ana María llamó tan poderosamente la atención de Juan Manuel de Prada, despertó tal interés en él,

que decidió tirar del hilo y, valiéndose de todos los contactos imaginables e inimaginables, no descansó hasta dar con ella. Caterina Albert, Mercè Rodoreda, García Lorca, Antonio Machado, Elisabeth Mulder, Gabriela Mistral, Santiago Rusiñol, Picasso, Companys, Durruti, Joaquín Ascaso… por no citar a otros muchos, tuvieron relación, en mayor o menor medida, con Ana María, puede que alguno sólo la tuviera en su mente, pero ¿por qué Juan Manuel de Prada se centraba en ella? Ella ocultó muchas cosas, magnificó otras, puede incluso que imaginara algunas, por eso reinventó su vida, y así se la transmitió al autor, como una ensoñación Juan Manuel de Prada puso el foco en aquella mujer insignificante porque quiso dar valor a su complejísima personalidad, y, partiendo de una vida escondida y humilde, penetró en los entresijos más recónditos de la naturaleza humana, llegando hasta el meollo de la misma, creando una obra magistral, enmarcada en nuestro siglo XX. Y una obra de arte hecha con amor, porque amor es lo que vi en él desde el primer momento en que conoció a Ana María siendo ya nonagenaria, en la última etapa de su vida en Moià y en la residencia de Santpedor, cuando su mente andaba envuelta en brumas y la vida se le escapaba por momentos. Prueba de ese amor es el retrato conmovedor que Juan Manuel hace de Ana María, con el que inicia la biografía : “Todavía la veo en sueños, nonagenaria y magullada por el desamor y los desdenes, llorando lágrimas silenciosas que me siguen hiriendo como puñales.” El día que Juan Manuel de Prada conoció personalmente a Ana María en Moià, le preguntó: “¿Me dejarás que cuente tu historia, Ana María?”, y ella, agradecida y conteniendo a duras penas las lágrimas, le

dijo que sí. La única condición era que no la publicara hasta pasados veinte años de su fallecimiento. Juan Manuel de Prada dice textualmente en la obra: “Marché de Moià convencido de que mi misión en la vida, a partir de entonces, sería rescatarla del olvido y darla a conocer a mi generación, resarciéndola de las muchas desdichas que había padecido en su longeva y atribulada vida; y me propuse no descansar hasta conseguirlo.” A partir de ahí empezaron sus viajes a través de medio mundo, invirtiendo muchas horas y muchos días de trabajo, fructíferos unas veces, infructuosos otras, en archivos y bibliotecas, sin darse tregua, hasta que tuvo colocada la última pieza del puzle. Las más de 1700 páginas, que se le hicieron cortas, lo mismo que a mi, al tribunal que juzgó la tesis y las seis y media de agradecimientos, dan idea del titánico esfuerzo y el grandísimo trabajo que hay detrás de la obra.

feminismo, y que tuvo una relación que la marcó de por vida con la escritora Elisabeth Mulder. Durante la Guerra Civil se implicó en la causa anarquista y se desplazó hasta el frente de Aragón, siendo la primera mujer española que estuvo allí como fotógrafa en primera línea, la veremos vestida de miliciana –“mono color café, correajes y pistola”–. Cuando cayó el anarquista Consejo de Aragón, no se volvió a saber nada de ella. Después vendría el exilio a Francia, viviendo en el país vecino cuando la ocupación durante la Segunda Guerra Mundial, más adelante desarrolló diversas actividades docentes en Illinois hasta que decidió regresar definitivamente a España en 1978 cuando empezó su declinar… Qué duda cabe de que Ana María fue una mujer polifacética, versátil, siempre rodeada de misterio y de infortunio. Dejo al lector que se sumerja en la lectura y descubra quién fue aquella mujer que inventó su vida:

Ana María fue una mujer polifacética, versátil, siempre rodeada de misterio y de infortunio.

Dejadla que invente sus fronteras invisibles sus universos ardientes. Dejadla que invente los ojos que no la ven los brazos que no la mecen. Nadie le diga que sueña. Nadie la llame demente. Dejadla que invente el rostro de su pasión el cuerpo que la estremece el fuego que la consume y la ruta que la pierde. Ninguno le hable jamás del silencio que la cierne de sus mundos despoblados de su soledad creciente. Dejadla que invente los ecos que la persiguen los mares que la sumergen. Y aquel beso nunca dado que la mata lentamente.

Leí la biografía como si de una novela de intriga se tratara. Me costaba dejar la lectura para acudir a mis obligaciones, y siempre esperaba con ansia enfrascarme de nuevo en el torrente de vivencias, aventuras, pasiones y desgarros de Ana María. Poco a poco y, conforme avanzaba en la lectura, empecé a sentir que la obra se estaba convirtiendo también en “el libro de mi vida”. No voy a desvelar el final de la historia para no quitar emoción a la obra ni adelantar acontecimientos, será mucho mejor que el lector vaya desentrañando los misterios y las incógnitas que rodean la vida de Ana María. Bástele saber que alcanzó gran éxito como poeta y reportera, también como deportista –campeona de España en lanzamiento de jabalina–, defensora del

*Dejadla, poema incluido en el libro Amor perdido de Ana María Martínez Sagi

El Evangelio de los días santos…