La Antorcha
Reflexión

Gonzalo Rodríguez: “Si no respetas la dimensión espiritual de tu trabajo, vendes el alma al diablo”

Julio 2023·5 min de lectura

la dimensión espiritual de tu trabajo, vendes el alma al diablo” Doctor en Historia y autor de libros como El poder del mito o Hispanofilia, Gonzalo Rodríguez es el fundador de la empresa Paseos Toledo Mágico, y ofrece visitas guiadas por los mitos y leyendas de la ciudad. Reflexiona con La Antorcha sobre un modo de entender lo laboral que choca frontalmente con el humus cultural dominante. ¿Toda profesión tiene una dimensión espiritual?

al mayor ejecutivo de una multinacional. Esta dimensión forma parte de las guerras culturales y espirituales de nuestro tiempo.

Sí. Por ejemplo, la mía: un guía no puede ser un mero dispensador de entretenimiento, sino la correa de transmisión entre el alma de la ciudad y el visitante, porque en el encuentro entre ambos hay un ejercicio de autoconocimiento. Esto es aplicable a todas las profesiones: del más humilde barrendero

¿En qué sentido? Una primera ruptura entre el pensamiento tradicional y el mundo moderno es la idea de que nadie sobra: Dios ha puesto a todo ser humano en el mundo para algo. No hay

vida sin misión, sin tarea y sin cruzada. Hemos de descubrir que cada trabajo ha sido puesto por Dios, que responde a una función social y a un escenario de autoconocimiento y realización, y a una posibilidad de interactuar con los demás de acuerdo al mismo. Si no te atienes a eso, vendes el alma al diablo, que es en lo que se basa la modernidad: aceptar la engañifa diabólica de creer que lo único importante es la cuenta de resultados y el chacarránchacarrán de la máquina, aunque lo que vendamos sea una mierda.

También, si los vivimos como ejercicios de ascesis, de purga y limpieza interior. De trascender tu ego y sintonizarte y atenerte al significado espiritual de lo que estás haciendo. No hay trabajo que no pueda ser palanca de enriquecimiento y crecimiento. Fíjate en las muchas leyendas, tanto en Oriente como en Occidente, sobre el novicio que llega al monasterio a recibir la enseñanza de su maestro, y este le ordena barrer la casa o recoger la cosecha… hasta que se queja: “¡Yo he venido a aprender, no a coger patatas!”. Y precisamente por esa actitud debe seguirlo haciendo, porque –si sacas el ego de la ecuación– en esas acciones tan humildes habrá autoconocimiento, un deber ser. Al fin y al cabo, alguien tendrá que barrer y cosechar: no hay trabajo que no tenga dignidad, y debe ser reconocida. Las situaciones de explotación, alienación o abuso que vemos desde siempre vienen de olvidarse de la dignidad de cada cosa.

Si la dimensión espiritual del trabajo no se pone sobre el tapete, es difícil afrontar el significado del esfuerzo laboral y profesional. Hoy parece que la única métrica para evaluar un trabajo sea la rentabilidad. Maximizar beneficios minimizando los costes

¿No hay ninguna excepción? ¿Ningún trabajo que no se pueda santificar?

“Honra sin marcos”, decían en la España del Siglo de Oro. No negamos la dimensión cuantitativa – ojalá no deje de darse la prosperidad–, siempre y cuando el precio a pagar no sea la bancarrota espiritual. Pienso en el arquitecto que no ve su trabajo como construir hogares sino como hacer bloques de pisos, ¡fíjate qué diferencia! O en esas aplicaciones que analizan la comida en el supermercado y te dicen si tal o cual producto es tóxico: si tu profesión es producir alimentos, la estás traicionando vendiendo basura. El significado espiritual del trabajo tiene que ver también con recordar que vamos a morir, que aquí nadie se queda. El único sentido de la riqueza es hacer comunidad y crear escenarios donde sea posible crecer en la horizontal y en la vertical del espíritu. Cuando asumes el carácter radical de la muerte, que sostiene y está de fondo en todas las cosas, la vida se ve de otra manera: apartas el ego y respondes al dharma de cada profesión. Haces lo que debe ser hecho.

Bueno, existen profesiones que no son profesiones, y ya no son santificables, efectivamente. Por ejemplo, la venta de drogas. Pero también en el ámbito legal: pensemos en la famosa crisis de las hipotecas de alto riesgo, donde los propios directores de los bancos engañaban a la gente para comprar productos tóxicos, para llevarse un bonus. Hay determinadas maneras de trabajar que en sí mismas están ya emancipadas de cualquier orden del ser y de cualquier verdad de las cosas.

Hay trabajos alimenticios, que no responden a tu vocación. ¿También en ellos hay una dimensión espiritual?

Distracción, capitalismo digital y soledad La soledad posee al menos dos caras. Una es la del retiro voluntario para reflexionar y buscar la orientación y fuerza necesarias para nuestra vida. Esta soledad es necesaria y urgente para cualquier ser humano. La otra es la de que quienes son incapaces de esa búsqueda y piensan que cualquier contacto con otro, "sea en la forma que sea", puede hacerles sentirse mejor. Ese "sea en la forma que sea" va cambiando con las épocas. En la nuestra son las redes sociales y otras plataformas.

Ilustración | Auctor Salutis, seminarista e ilustrador: aceptó el encargo de aportar su particular visión de este artículo sobre la “absorción” que provocan las redes sociales y la tecnología.

S

upongamos que un estudiante de Periodismo se abre una cuenta en Twitter para estar al corriente de la sociedad estadounidense. Le interesa para su trabajo de máster. Empieza a seguir al New York Times, al Wall Street Journal, al New Yorker y al Atlantic. Cada vez hay más diarios, revistas y cuentas de particulares que le saltan recomendados cuando navega. En poco tiempo, a no ser que se autoimponga una disciplina de uso, el estudiante puede descontrolarse y dispersarse. Llegará un momento en que ya no sabrá si ese recurso lo beneficia o lo perjudica. No sería difícil adaptar el caso de Twitter a Instagram, Facebook, TikTok, YouTube, Spotify, Netflix, etcétera. Está ya investigado y probado que los desarrolladores de esas plataformas monitorean de cerca el comportamiento de los usuarios para averiguar qué les hace querer pasar más tiempo en la web. Con la inteligencia artificial todo este panorama se potencia. El negocio de esas empresas es evidente y no hace falta extenderse demasiado en explicarlo: venta de datos de usuarios (y a veces pago de los usuarios) y de publicidad a clientes (empresas de todo tipo) que a su vez llevan a sus webs la cosecha de las plataformas. Pero hay algo más. Daniel Cohen lo resume así: "Los grandes ganadores de la crisis [del covid] han sido empresas como Amazon, Apple o Netflix, compañías cuyo valor en Bolsa se disparó durante el confinamiento. Hicieron posible el teletrabajo, el abastecimiento sin necesidad de ir a una tienda, y el entretenimiento sin tener que ir al teatro o a una sala de conciertos. Todos hemos podido comprobar la intención del capitalismo digital: reducir al máximo posible el coste de las interacciones físicas evitando tener que verse en persona. Para generar un mayor rendimiento, este capitalismo desmaterializa las relaciones humanas, privándolas de contacto físico" (Homo numericus. La civilización que viene, 2023, p. 17).

Actualmente, desde casa, se puede teletrabajar, ver a los amigos por Zoom, asistir a estrenos en las plataformas audiovisuales, realizar gestiones bancarias y administrativas, buscar pareja, jugar a la videoconsola, al ajedrez, ir de compras, ser atendido por un médico, etcétera. Casi todas estas actividades antes implicaban salir y relacionarse con otros seres de carne y hueso. ¿Se favorece así el aislamiento? Es evidente. ¿Cambian los modelos económicos? También. Por ejemplo: se han devaluado los centros comerciales y las tiendas a pie de calle, forzadas a cerrar por no ser ya rentables. Surgen negocios nuevos, como las universidades en línea. ¿Afecta todo ello para mal a nuestra vida? No necesariamente. Todos hemos podido comprobar la intención reducir al máximo posible el coste de las interacciones físicas evitando tener que verse en persona. Antes de la llegada de internet era posible estar muy enganchado a la lectura de…