La Antorcha
Reflexión

Vocación vs. Vacación

Julio 2023·5 min de lectura

vocación convierte el trabajo en un ocio superior. La vocación es la antítesis de la vacación. **********

Voy por el gusto de mis amigos o por la afición de mi mujer, pero, para mí, ir a una fiesta es un inmenso sacrificio, esto es, es una fiesta… religiosa. **********

La resaca machaca el ocio por la espalda. **********

La siesta tiene un punto de chulería a la cara (o a la espalda, da igual) del mundo moderno. Dormir la siesta resulta contrarrevolucionario. **********

Qué a duras penas reprimo mis deseos de gritar a los aburridores y a los enredadores: "¡Mi tiempo lo pierdo yo!" **********

Reflexione usted sobre el reflexivo. "Perder el tiempo" y "perderse del tiempo" son actividades diametralmente distintas. **********

La diferencia entre el enamoramiento y el amor es que el amor también trabaja. **********

Lo de tomar el sol guarda un último tic de rentabilidad y aprovechamiento. Para practicar completamente el ocio perfecto hay que tenderse a la sombra. No tomar nada de nada. **********

Te hacen esperar. Utilizas ese tiempo espeso para rezar o para empezar un poema. Transmutas prodigiosamente la espera en esperanza. **********

El ocio es una convalecencia con excelente salud. Imprescindible. **********

La cita es ocio del escritor. **********

Cuántas veces no me suspiro lo que JRJ: "¡Qué pereza… de dejar de trabajar!" Pero como no queda más remedio, me recuerdo en último extremo a mi Aquinate: "Una sola cosa da un reposo verdadero: la alegría. Intentar descansar en el tedio es un equívoco". Con todo, lo esencial nos lo dijo Javier Almuzara: "Todo lo que no sea ganar la eternidad es perder el tiempo".

C.S. Lewis y san Juan Calabria: una amistad improbable El libro Cartas en latín de C.S. Lewis a don Giovanni Calabria recoge la correspondencia en latín entre ambos, para sortear la barrera idiomática.

N

o hay ocupación más noble (y enriquecedora), a la que dedicar las horas de asueto, que el cultivo de la amistad. Y si no, que se lo pregunten a Aristóteles, quien sostenía (y no le faltaba razón) que sin amigos nadie querría vivir. Ahora bien, amistades las hay de todo tipo y pelaje, algunas forjadas en la infancia, otras, a priori, bastante inverosímiles. A este grupo pertenece la entrañable e improbable amistad entre C.S. Lewis y el sacerdote don Giovanni Calabria, fundador de las Congregaciones de los Pobres Siervos de la Divina Providencia y canonizado en 1999 por el papa Juan Pablo II. Corre el año 1947 y el mundo trata de superar la terrible Segunda Guerra Mundial. Don Calabria vive en Verona y una de sus mayores preocupaciones, que él considera clave para evitar que se repita una guerra tan devastadora como la recientemente vivida, es la unión de todos los cristianos. Un amigo dominico le regala la edición italiana de las Cartas del diablo a su sobrino de Lewis, que le entusiasma. Quiere contactar con el autor nacido en Belfast, felicitarlo y pedirle (quizá no es del todo consciente del entorno antipapista del que procede el escritor) que le apoye en sus campañas de oración por la unidad de los cristianos. Pero hay un pequeño problema: el sacerdote no sabe inglés y no consta que el escritor entienda el italiano. ¿Cómo superar la barrera del idioma? Muy fácil: empleando la lengua de la Iglesia, el latín. Empieza así una curiosa correspondencia en la que las cartas, siempre en latín, viajarán de Verona a Oxford y viceversa, labrando una relación que dará lugar a un entusiasta aprecio del uno por el otro y de sus respectivas obras y que desembocará en una profunda amistad. Se inicia así una relación que se alargará hasta 1954, año en que fallece don Giovanni Calabria, y que se mantuvo siempre epistolar, pues nunca se encontraron personalmente.

Las cartas que se conservan (que no son todas), nos muestran a un sacerdote lleno de celo, que habla poco de sí mismo y mucho de sus empresas (como el octavario de oraciones por la unidad de los cristianos), cariñoso y con cuidado de no herir a su hermano alejado. Las respuestas de C.S. Lewis son más personales, incluyendo comentarios sobre su estado de salud y ánimo. El profesor acoge sin reservas la propuesta del sacerdote: (“le aseguro que también para mí el cisma en el Cuerpo de Cristo es tanto una fuente de aflicción como uno de los asuntos de mis oraciones”) y apuesta por subrayar lo que los une, un modo de enfocar la cuestión que dará pie a su libro Mero cristianismo. No hay ocupación más noble (y enriquecedora), a la que dedicar las horas de asueto, que el cultivo de la amistad. Lewis, por cierto, reconoce en 1947 que ha dejado desde hace años de practicar la escritura en latín y se disculpa por sus posibles errores… pero se muestra encantado de mantener esta insólita correspondencia en un latín desacomplejado y “vulgar”: “si ese latoso Renacimiento que nos trajeron los humanistas no hubiera destruido el latín (y lo destruyeron justo cuando se estaban jactando de que lo estaban reviviendo), todavía seríamos capaces de mantener correspondencia con toda Europa”. Es también Lewis quien adelanta su idea de un “ecumenismo de la persecución”: “Aquellos que sufren lo mismo por la misma Persona difícilmente pueden no amarse los unos a los otros. De hecho, bien puedo creer que es la intención de Dios, dado que hemos rechazado remedios más suaves, llevarnos a la unidad a través de la persecución y la adversidad”. Ambos amigos hablan del Kempis, se envían libros (entre ellos la primera edición en italiano de las Crónicas de Narnia o,

en sentido contrario, un libro titulado La renovación de todas las cosas en Cristo), y rezan incansablemente el uno por el otro. Don Calabria le descubre a Lewis las letanías compuestas por el cardenal Merry del Val: (“¿Sabía que soy desde hace tiempo extremadamente consciente de todas las tentaciones contra las que escribe estas oraciones? Deseo ser estimado… temor de ser rechazado… Touché, ahí me ha dado”). Lewis va dejando perlas propias de un pensador de su agudeza. Como cuando, respondiendo a las preocupaciones por el momento que vive Italia en 1948, le responde a su amigo: “Vuestros izquierdistas declaran su ateísmo. Incluso alardean de él. Son lobos y se presentan como lobos. Nosotros sufrimos una manada de lobos vestidos como corderos. De aquellos que no cesan de cometer injusticias en política, muchos dicen que están construyendo el Reino de Dios”.

responde que las palabras de Lewis han sido inspiradas por el Espíritu. Tres meses antes de su muerte, don Calabria le pide a su amigo un favor especial: “deseo que por su amor a mí, me escriba lo que piensa sobre el estado moral de nuestros tiempos, cuál es desde su punto de vista la causa y origen de nuestras dificultades… ¿pido mucho? Por favor, perdóneme. Es por nuestro amor mutuo, por su bondad hacia mí, que le pido tanto”. La respuesta de Lewis no tiene desperdicio: “Los graves peligros a los que nos enfrentamos resultan de la apostasía de gran parte de Europa de la fe cristiana” La respuesta de Lewis no tiene desperdicio: “Los graves peligros a los que nos enfrentamos resultan de la apostasía de gran parte de Europa de la fe cristiana. Así estamos en un estado peor que aquel en el que estábamos antes de recibir la Fe. Nadie regresa del cristianismo al mismo estado en que estaba antes del cristianismo, sino a uno peor: la diferencia entre un pagano y un apóstata es la diferencia entre una mujer soltera y una adúltera. Porque la fe perfecciona la naturaleza, pero la fe perdida corrompe la naturaleza. Por ello muchos de nuestros contemporáneos han perdido no sólo la luz sobrenatural sino también la luz natural que los paganos poseían… Sobre los remedios, la cuestión es más difícil. Por mi parte creo que deberíamos trabajar no solo para extender el Evangelio (eso seguro), sino también en una cierta preparación para el Evangelio. Es necesario recordar a muchos la ley de la naturaleza antes de hablarles de Dios. Porque Cristo promete el perdón de los pecados, pero ¿qué significa eso para aquellos que, dado…