La Antorcha
Reportaje

10 consejos para ayudar a tus hijos a escoger a sus amigos

Noviembre 2024·5 min de lectura

desvinculada. En aquel momento el título me sonó a chino pero con el tiempo he ido entendiendo lo profético de aquella obra y la gravedad de la cuestión que trata. No puede haber libertad si no hay vínculos. Y en nuestra época están prácticamente todos borrados o muy debilitados. ¿Es más libre la pareja que se va a cohabitar para probar si la cosa funcionará que aquella que se compromete a intentar amarse cada día mejor hasta que la muerte los separe? ¿Se siente más querida aquella niña a quien su padre no pone ninguna norma o aquella a quien su padre pone unos límites haciendo uso del vínculo de sangre que los une? ¿Vive más alegre aquel que al llegar a casa encuentra la nevera llena de cosas caprichosas y un flamante coche en el parquing o aquel que encuentra en el hogar personas (esposa, padres, hijos…) con quienes está vinculado de por vida? Siempre he ido por el mundo sin miedo, con la tranquilidad de saber que al volver a casa tenía unos padres y una hermana que me querían con un amor que es reflejo (imperfecto) del amor de Dios, que me querían incondicionalmente, a pesar de todo. Eso es todo lo que un hombre necesita. Rotos los vínculos, el hombre se convierte en una masa informe, sin rumbo ni propósito, que vaga por el mundo a

golpe de deseo, de tuit, de calentón y de sensaciones. Se convierte en algo que se asemeja más a un animal que a otra cosa. No tiene un lugar al que asirse cuando viene la tormenta, un lugar donde descansar después de la batalla, un lugar donde, desprovisto de todas las máscaras, poder ser tal como Dios lo creó. ¡Qué bien refleja Tolstoi la importancia de los vínculos en La felicidad conyugal! Da igual que uno comparta techo, mesa y lecho. Cuando el vínculo se rompe y la casa se convierte en la suma de dos individualidades, aparece el infierno y la vida se vuelve gris. ¡Qué felices habrían sido Masha y Serguéi si no se hubieran ido a San Petersburgo y si ella hubiera dejado de vivir de cara a la galería! Por el contrario, cuando uno se abandona en el prójimo, se hace pequeño y pone su corazón a la intemperie, la felicidad rebosa por todas las ventanas del hogar. Cuanto más vinculado, mayor es el gozo. Cuanto más riesgo uno está dispuesto a asumir poniendo su corazón y su libertad en juego, mayor es la dicha. Me contaba el otro día un amigo que, después de trabar una bonita amistad con una familia americana, se fue a pasar unos meses a su casa en California. El primer día, a las cinco de la tarde se le ocurrió preguntar a qué hora se comía en aquella casa. “A ninguna, cada uno coge lo que quiere de la nevera y se lo prepara”. Lo mismo para la cena y todos los días de la semana.

El asunto duró poco. Al día siguiente mi amigo preparó la mesa, cocinó para todos y compartieron una agradable sobremesa. Y desde aquel día así fue durante los dos meses que estuvo allí. Con razón quedaron enamorados de mi amigo y su familia y vienen a menudo de EE.UU. a pasar unos días con ellos. Gracias a Dios, una familia así nos escandaliza, pero no pensemos que no las hay y que no serán cada vez más frecuentes. No sería lo primero que importamos del país de la libertad. Como muy bien explica Fabrice Hadjadj en ¿Qué es una familia?, los vínculos más importantes de nuestra vida y que más nos definen no los elegimos nosotros: familia, patria, cultura… y claro, sin esos vínculos, ¿qué nos queda? Un amasijo de células y un alma desnortada. Hadjadj también reflexiona sobre el tremendo abismo que hay entre la mesa y el campo, y hasta qué punto hemos perdido el vínculo con la realidad. No sabemos qué comemos, ni de dónde procede ni cómo se produce. A estas profundas reflexiones de Fabrice ya les puso rostro literario Miguel Delibes en El disputado voto del señor Cayo, donde unos señoritos sofisticados e ilustrados viajan al campo para conseguir el voto de los campesinos que en él habitan en las primeras elecciones municipales de 1977. El apego que tiene Cayo a la realidad y todo cuanto le rodea, y su conocimiento de la esencia, función y particularidad de las cosas, cautiva a esos tres hombres, que descubren lo difícil que les va a ser engatusar a ese hombre. Cayo