la desaparición de los ritos La secularización que sufren España y Occidente ha llevado al derrumbe de una estructura que daba sentido al tiempo común. Hoy las sociedades se enfrentan a la encrucijada de qué hacer ante la caída de los ritos de paso tradicionales
“A
l tiempo le falta hoy un armazón firme”, sentencia Byung-Chul Han. En La desaparición de los rituales, el lúcido filósofo surcoreano advierte de que en nuestra época el tiempo “se desintegra en la mera sucesión de un presente puntual”, porque “nada le ofrece asidero”. Y concluye: “El tiempo que se precipita sin interrupción no es habitable”. ¿Qué necesita el tiempo para hacerse habitable? También lo tiene claro: ritos. Un rito —describe la enciclopedia Herder— es una ceremonia que se repite de la misma forma siguiendo unas normas rígidas. Así, por ejemplo, hablamos de rituales matutinos —como una taza de café recién hecho leyendo los titulares del día—, o de rituales de belleza, con su sucesión ordenada y previsible de cremas, gotas y sérums. Propiamente hablando, no obstante, los ritos no son sólo individuales, sino que tienen carácter social: son un modo de hacer las cosas en común, una acción simbólica que transmite aquellos valores que cohesionan a una comunidad. En su formulación más elevada, además, un rito apunta más allá de la propia sociedad: es un signo que vincula al individuo y a la comunidad con lo divino. En la Iglesia católica, tal vez el ejemplo más claro sea la eucaristía, ya que —en palabras del papa Francisco— “la misa no es una representación, (...) es una teofanía: el Señor se hace presente en el altar para ser ofrecido al Padre para la salvación del mundo”1.
que “un consumo sin escrúpulos hace que estemos rodeados de un desvanecimiento que desestabiliza la vida”. Frente a ello, Han contrapone las prácticas rituales, que no están basadas en el consumo de las cosas, sino en su uso. Curiosamente, también él se refiere a la eucaristía en este aspecto, y lo hace citando al Nobel de Literatura Peter Handke: “Con ayuda de la misa los sacerdotes aprenden a manejar pulcramente las cosas: sostener con cuidado el cáliz y la hostia, limpiar pausadamente los recipientes, pasar las hojas del libro. Y el resultado del manejo pulcro de las cosas es una jovialidad que da alas al corazón”2.
En su formulación más elevada, un rito es un signo que vincula al individuo y a la comunidad con lo divino" Ritos de paso Hay otra dimensión de los rituales como armazón del tiempo, tal vez más evidente que la anterior: los ritos de paso. Esta expresión, acuñada por el antropólogo Arnold van Gennep a principios del siglo XX, hace referencia a aquellas ceremonias sociales que marcan el paso de una situación vital a la siguiente. Un salto entre mundos, en cierto sentido: el paso del mundo infantil al mundo adulto, por ejemplo, o del mundo exterior al mundo de la comunidad. Ejemplos encontramos en todas las sociedades, del bar mitzvah judío al
Uso vs. consumo Sin embargo, ¿cómo se convierten los ritos en ese armazón firme del tiempo que echa en falta Byung-Chul Han? Para el pensador, es porque hacen la vida duradera. “La actual presión para producir —escribe— priva a las cosas de su durabilidad; destruye intencionadamente la duración para producir más y para obligar a consumir más”, y añade
1 Papa Francisco, En misa sin reloj. Misas matutinas en la capilla de la Domus Sanctae Marthae (10 de febrero de 2014) 2 Peter Handke, La repetición (Alianza, 2018)
chudakarana hindú, el primer corte de pelo, entre muchos otros. En las tribus masai, se incitaba a los jóvenes más valientes a salir y cazar un león en solitario, armados con una lanza, para convertirse en guerreros. En las sociedades tradicionalmente cristianas, como España, los ritos de paso se han identificado, en buena parte, con alguno de los sacramentos de la Iglesia: en concreto, el bautismo, la primera comunión, la confirmación y el matrimonio. Y sin ser un sacramento, el funeral católico completa este periplo vital: el último rito de paso, del mundo de los vivos a la vida eterna. Este armazón del tiempo —una estructura litúrgica, de alguna manera— se ha venido tambaleando en los últimos años en nuestro país, a medida que iba avanzando el proceso de secularización3. De una era de cristiandad pasamos a una de descristianización, en la que se alzan voces críticas y con afán de demoler el pasado. “La Iglesia, que en España está mayoritariamente asociada a la derecha, ha secuestrado los ritos de paso: el bautismo, la boda, la extremaunción… Tenemos que dar la batalla por los rituales”, pedía la escritora Silvia Nanclares en El País4. Las cifras no invitan al optimismo para los católicos: entre 2009 y 2023, el número de bautizos ha caído un 49,4% — es decir, menos de la mitad de los niños nacidos en España se bautizan—, y el de primeras comuniones, un 31,2%5. La nupcialidad no solo se ha desplomado en general —en torno al 50 % de los españoles jóvenes y de mediana edad ya no se casará, según el estudio más reciente de CEUCEFAS6—, sino también en la Iglesia: en 1976, el 99% de las bodas eran católicas; hoy es una de cada cinco.
La estructura litúrgica del tiempo se ha venido tambaleando en nuestro país a medida que avanzaba el proceso de secularización" El anhelo ritual La realidad, no obstante, es tozuda, y la sed de ritos permanece. En algunos casos, estos se configuran como versiones ateas de los sacramentos cristianos, como las confirmaciones humanistas que empezaron a celebrarse en Noruega a partir de los años cincuenta, o el acogimiento civil, una suerte de bautizo sin Dios que se celebró por primera vez en España en 2004, en Igualada. Esta es, de hecho, la idea que propone el ensayista Alain de Botton en su libro Religión para ateos: adoptar la ritualidad del catolicismo ignorando sus referencias a Dios. El anhelo de ritualidad también lleva a la aparición de una nueva clase de ritos de paso de baja intensidad, propios de nuestra sociedad de consumo, como sacarse el carnet de conducir, celebrar la fiesta de puesta de largo al cumplir la mayoría de edad o importar costumbres del otro lado del charco, como el baby shower o el gender reveal. Una proliferación de experiencias compartidas y fijas que, de hecho, es inevitable, porque —concluye Byung-Chul Han, cerrando el círculo— “los rituales transforman el estar en el mundo en un estar en casa. Hacen del mundo un lugar fiable. Son en el tiempo lo que una vivienda es en el espacio”.
3 Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el porcentaje de españoles que se declaran ateos, agnósticos o no creyentes ha pasado de un 7,6% en 1978 —el primer año que se preguntó— a un 38,9% en febrero de 2024. Los católicos practicantes apenas suponen el 17,9% de la población. 4 Patricia Gosálvez, Bodas de cuarentones con hijos: la Generación X formaliza su situación. En El País (15 de octubre de 2023) 5 Datos ofrecidos por la Conferencia Episcopal Española. 6 Transformación y crisis de la institución matrimonial en España, elaborado por el Observatorio Demográfico CEU, adscrito al centro de estudios CEU-CEFAS.
Dopamina virtual: desvinculación real
L
a pareja cena y apenas cruzan miradas… Ana vive sola con ochenta y siete años. Ahora también es viuda, con las palabras… “Duermo siempre con él”, dice Laura, a modo de declaración amorosa, pero se refiere a su móvil. Juan y Carla hacen endless scrolling en sus videojuegos. A lo lejos se escucha un grito de histeria: la madre desesperada. Aunque con nombres ficticios, las escenas pertenecen a la vida real. Tan real como la expansión tecnológica acechante. Estamos en un tiempo de una dureza y aislamiento progresivos. Vivimos en una sociedad de masas, en la que “hacer lo que hacen todos” nos da seguridad, prestigio y recompensa social. No obstante, al hablar de la solidaridad, España es reconocida por ser un país generoso. Según el último Informe COPE 2023: España es tierra de donantes y de solidaridad, así lo confirma: “4 de cada 10 personas…
